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Historia de Aldony

Por Manuel Moreno

Aldony Cabrera, de 9 años, es un orgulloso fan de Star Wars. De hecho, cuando camina empuñando su sable láser por las empedradas calles de Carapongo (una comunidad ubicada a 30 kilómetros de Lima, la capital de Perú), pareciera que acabara de salir de una batalla sin cuartel contra el lado oscuro de la fuerza.

Su ropa está sucia y luce un par de moretones en su rostro, pero mantiene intacta la sonrisa y en sus ojos se refleja una mezcla de fuerza y valentía. Sin embargo, esta imagen nada tiene que ver con una superproducción de Hollywood, a pesar de que la realidad que ha golpeado al país, a sus niños y niñas y a sus familias, parece superar la ficción.

Las lluvias torrenciales que se han vivido en Perú últimos días han desbordado los ríos y dejando a su paso inundaciones, calles anegadas y la destrucción generalizada de las zonas más vulnerables del país andino.

Desde finales de enero, un repentino y anormal calentamiento de las aguas del Océano Pacífico frente a las costas del Perú, lo que se conoce como ‘El Niño Costero’, ha provocado las más mortíferas lluvias torrenciales, tormentas, inundaciones y rachas de viento de las últimas décadas. La emergencia se extiende por cerca de la mitad del país y más de 250.000 niños y niñas se han visto afectados al perder sus hogares y sus pertenencias. Donde antes se ubicaba la casa de la familia de Aldony, ahora solo hay un mar de lodo en el que, semienterrados, se pueden reconocer algunos vestidos, muebles y juguetes.

“El agua nos llegó hasta las rodillas y lo único que pudimos hacer fue correr para salvar nuestra vida. No pudimos coger nada. Lo hemos perdido todo”, asegura Hemilinda Cabrera, la madre de Aldony, mientras sostiene en sus brazos a Elías, su bebé de seis meses.

Hemilinda explica que no podía creer lo que estaba ocurriendo cuando el pasado jueves una voz en mitad de la noche les alertaba del inminente peligro. “Eran las 10 de la noche cuando escuchamos que alguien gritaba que el rio se había desbordado”, recuerda. “¿Cómo es posible?, pensé. De verdad que creía que se trataba de una broma”.

Pero no lo era. Cuando Hemilinda se levantó, el agua ya había llegado a los pies de su casa. Asustada por lo que estaba ocurriendo, solo tuvo tiempo de tomar a sus hijos en brazos y sacarlos de allí corriendo colina arriba. En menos de cinco minutos el agua lo había destruido todo y su calle se había transformado en un rio.

“Estábamos muy asustados. Nos pusimos a correr en pijama. Sin zapatos. A los que no pudieron salir se los tragó la corriente”, asegura. “Al día siguiente el agua todavía corría con fuerza y así siguió otros cinco días más”.

Durante los últimos días, las fuertes lluvias han seguido desbordando ríos, provocando deslizamientos de tierra, derrumbado puentes y cortando caminos, lo que ha forzado el cierre de escuelas a lo largo del país. Cerca de 1,250 colegios y alrededor de 380 centros de salud han resultado dañados y muchos de ellos han quedado destruidos.

La costa norte de Perú ha sido hasta ahora la más afectada por las tormentas. Las fuertes lluvias se han detenido, pero según la Oficina Nacional de Meteorología e Hidrografía (SENAMHI), se prevé que a finales de marzo vuelvan con fuerza, afectando también a algunas partes de la zona amazónica del país. Los niños, las niñas y las familias peruanas se preparan para otro mes de inundaciones.

“Agua potable, sanidad y protección para los niños y niñas son las necesidades más apremiantes”, explica María Luisa Fornara, Representante de UNICEF en Perú. “La continuidad en la educación también está en riesgo, especialmente para los niños, niñas y adolescentes más vulnerables y excluidos en las regiones afectadas”.

“En los próximos meses habrá una gran necesidad de agua potable, así como de refugios, y tendremos que apoyar a la población en la prevención de las enfermedades que puede provocar el agua contaminada”, explicó.

UNICEF y sus aliados están listos para responder y colaborar con el Gobierno para asegurar el acceso a servicios básicos de salud en las localidades afectadas, así como el acceso al agua potable y a los servicios básicos para niños y madres para prevenir posibles brotes de enfermedades. Juntos debemos asegurarnos de que los valientes padawans como Aldony reciban el apoyo que necesitan y que merecen para que puedan estar protegidos, proseguir con su educación y prosperar de nuevo.

Que la fuerza esté contigo y con tu familia, joven Aldony.

24 de marzo de 2017